Fútbol Profesional

Siempre presente

Palomo eterno

Palomo eterno

A 15 años de su partida, el recuerdo de Alveiro Usuriaga es cada vez más grande.

11 de Febrero de 2019

Llegó en silencio. Fue la tarde lluviosa del jueves 31 de marzo de 1994. El plantel que dirigía Miguel Ángel Brindisi se aprestaba a entrenar. Su alta figura y su tez morena no dejaban que pasara desapercibido. Entró al vestuario con su timidez a cuestas. Saludó balbuceando hasta que el director técnico lo recibió y lo presentó al plantel que tenía a Islas, Craviotto, Serrizuela, Guillermo Ríos, Perico Pérez, Moas, Parodi, Ramírez, Gordillo y Gareca como los más experimentados. El Tigre lo conocía de su paso por América de Cali en la década del 80. Le habló en privado y él sólo asentía con la cabeza. Después se fueron acercando los más chicos como Rotchen, Arzeno, Cagna, Cascini, Garnero, Rambert, Desio y Gustavo López. Enseguida pegó onda con todos con esos gestos de adolescente a pesar de sus 27 años. Campeón de la Libertadores con Atlético Nacional en 1989 y autor del gol que llevó a Colombia al Mundial de Italia, lo pusieron entre los jugadores más importantes de la historia del fútbol colombiano.

De Alveiro Usuriaga estamos hablando. Sí, el gran Palomo. Al que le alcanzaron 63 partidos, 21 goles y tres títulos en el Rojo para ser  ídolo. En sus dos ciclos, 94/95 y 96/97, fue un futbolista diferente. Esos que te enamoran en la primera pelota que toca. Un distinto adentro y afuera de la cancha. Querible y entrañable.  

Se había jugado la primera fecha del Clausura y el Rojo venía de empatar 0-0 con Vélez en el Amalfitani. El próximo rival era River, el campeón del Apertura con Passarella como DT. Con sólo tres días con sus nuevos compañeros, Brindisi lo mandó de titular. Empezó a hacer de las suyas y se fue ovacionado al ser reemplazado con el partido igualado. Después Gareca, tras jugadón de Rambert, puso el pie derecho para el 1-0 y la victoria.

Luego de un par de partidos empatados, llegó la noche del idilio. Fue frente a Ferro (2-0), pero quedó marcado a fuego su golazo tras varias gambetas y tremendo zurdazo para vulnerar a Burgos. Algunas lesiones musculares no lo dejaron tener continuidad, pero apareció en los tramos finales para ayudar al Rojo salir campeón. Banfield (4-0), Boca (1-1), Gimnasia LP (5-1) Y Huracán (4-0) lo pusieron en lo más alto de las consideraciones. No sólo por sus goles, casi todos de enorme calidad, también porque era imparable. Así siguió en la brillante Supercopa que terminó en vuelta olímpica frente a Boca. Le marcó cuatro tantos a los brasileños de Santos, Gremio y Cruzeiro (2) en la Doble Visera de Cemento.

Siempre aparecía con gritos importantes. La Recopa en Japón frente a Vélez lo tuvo como protagonista. Se fue a mediados del 95 al Necaxa y volvió con Menotti ya de entrenador en septiembre de 1996. Sus virtudes estaban intactas. Si bien ese equipo no alzó ningún título, el colombiano fue un arma letal en el ataque que tenía a Calderón, Pancho Guerrero, Matute Morales, Nuno Molina, el Toro Acuña y Burruchaga. Fútbol total. Terminado el Clausura 97, su destino como jugador fue por otros lugares de Sudamérica y también pasó por General Paz Juniors y All Boys de Argentina.

Hace 15 años y con apenas 37 vividos en su Cali natal alguien le arrebató la vida. Hoy y siempre lo recordaremos a Usuriaga. Si todavía seguimos recordando su voz y la aclaración permanente cuando decía: “Sí, Alveiro pero con ‘V’ chica…” porque no le gustaba que le escriban mal el nombre.  Te queremos y extrañamos, Palomo. Muchas gracias por haberte brindado y dejar una marca en El Único Rey. “U-sú-riaga, U-sú-riaga. U-sú-riaga…”.

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